¿Qué importancia tiene, en realidad, la agricultura en la economía de Costa Rica?
El sector agrícola de Costa Rica: contrariamente a la percepción de que es un «país agrícola», el sector agropecuario representa solo el 3,6 % del PIB nacional en 2024, lo que supone un descenso respecto al 3,8 % registrado en 2023. No se trata de una crisis del sector, sino de una consecuencia del crecimiento más rápido de otros ámbitos —el inmobiliario, los servicios profesionales y la tecnología—, que crecen más rápido que la agricultura, no porque esta última esté disminuyendo en términos absolutos.
De hecho, la actividad agrícola ha crecido un 16,3 % en la última década (2015-2024), aunque con períodos de contracción claramente relacionados con factores externos: la sequía de 2015 y 2019 (el fenómeno de El Niño), la pandemia de 2020 (-1,4 %, provocada por el cierre de los mercados internacionales) y la crisis mundial de los contenedores, además de la guerra de Ucrania en 2022 (-2,3 %).
El valor añadido agropecuario alcanzó los ₡1.749.719 millones en 2024, de los cuales el 69,7 % procede de la producción agrícola (cultivos), el 20,9 % de la producción ganadera (animales), y el resto de la silvicultura, la pesca y las actividades de apoyo.
El comercio exterior: el sector que aporta dinero al país
Esta es una de las cifras más relevantes para cualquiera que considere la agricultura como un negocio: mientras que Costa Rica tiene un déficit comercial nacional de -9.537 millones de dólares en 2024, el sector agropecuario presenta un superávit comercial constante, de más de 2.300 millones de dólares anuales en los últimos 5 años. En la práctica, la agricultura es uno de los pocos sectores que genera más ingresos procedentes del extranjero de lo que gasta en importaciones.
Las exportaciones agrícolas han aumentado más del 38 % en cinco años (de 4.912 millones de dólares en 2020 a 6.797 millones de dólares en 2024). El principal destino es EE. UU. (2.013 millones de dólares), seguido de Guatemala, los Países Bajos, Bélgica y Nicaragua. Los productos agrícolas (plátanos, piñas y café) representan el 53 % de las exportaciones agrícolas, y la industria alimentaria procesada, otro 38 %.
Lo que realmente
se cultiva: lo que funciona bien frente a lo que fracasa
Esta es la parte más útil para alguien que está pensando concretamente en qué cultivo tendría sentido:
En claro crecimiento:
- La piña — de 2,65 millones de toneladas (2020) a 3,12 millones de toneladas (2024), la tendencia al alza más sólida
- Maíz: +44,5 % respecto a 2020
- Producción de huevos: +12,7 % solo en 2024, alcanzando un nivel récord
- Leche de vaca: crecimiento sostenido entre 2020 y 2023, con un ligero descenso en 2024
- Producción ecológica certificada: tendencia al alza constante en los últimos 25 años, aunque con fluctuaciones de un año a otro
En descenso o inestables:
- Arroz: la caída más drástica: -57 % en 4 años (de 146 571 toneladas en 2020 a 64,214 toneladas en 2024), debido a la reducción de los aranceles de importación y al bajo rendimiento por hectárea
- Café: tendencia general a la baja, un -5,9 % de media, aunque con ciclos de producción alternantes
- Cebolla: -29 % solo entre 2023 y 2024
- Patata: -8 % entre 2023 y 2024, con un comportamiento cíclico histórico
- Plátanos de exportación: ligera tendencia negativa a largo plazo (-1 % de media), aunque con fluctuaciones
- Cría de cerdos y carne de vacuno: producción relativamente estable, pero sin una clara tendencia al alza
Conclusión práctica: la piña, los huevos y el maíz están claramente en expansión; el arroz y el café se encuentran en declive estructural, no solo por fluctuaciones estacionales.
Quién trabaja en la agricultura — y cómo vive
En este aspecto, el informe ofrece una imagen menos idílica. En 2024, 197 887 personas trabajaban en la agricultura, la ganadería y la pesca —solo el 9 % de la población activa a nivel nacional—, ocupando el quinto lugar en importancia, por debajo del comercio, las comunicaciones, la industria y la educación/sanidad.
Algunas cifras clave:
- El 49 % de los empleados del sector agrícola trabaja en la economía sumergida —sin protección social, contrato ni contabilidad formal—
- El salario mínimo agrícola es un 33,6 % inferior al salario mínimo nacional para un trabajador no cualificado (₡239 073/mes frente a ₡358 000/mes en 2024)
- Las regiones de Huetar Caribe y Huetar Norte concentran el 57 % de la mano de obra agrícola del país
- Solo el 37 % de la población rural ocupada es joven (15-35 años), lo que constituye una clara señal del envejecimiento de la mano de obra agrícola, ya que los jóvenes emigran a las ciudades en busca de estudios u otras oportunidades
En el lado positivo: la productividad laboral ha aumentado un 37,4 % entre 2019 y 2024, aunque el número de trabajadores haya disminuido un 24 % en el mismo periodo —lo que indica una mayor mecanización y eficiencia, pero también una posible pérdida de puestos de trabajo rurales.
Un detalle relevante para alguien procedente de Europa: la desigualdad de ingresos (el coeficiente de Gini) ha sido históricamente mayor en las zonas rurales que en las urbanas, aunque la diferencia se ha reducido significativamente desde 2019, llegando a niveles casi iguales en 2024 (0,482 en las zonas rurales frente a 0,483 en las urbanas).
Sostenibilidad: dónde invierte el Estado
Costa Rica impulsa activamente el sector hacia la producción ecológica y las prácticas sostenibles: 10 360 hectáreas con certificación ecológica en 2024 (siendo el café, el plátano y la piña los principales cultivos), con un 98 % de las exportaciones ecológicas destinadas a Europa (el 75 % solo a los Países Bajos). El Estado ya ha puesto en marcha 20 de las 25 «biofábricas» previstas (producción de fertilizantes a base de microorganismos) y concede ayudas económicas (RBAO) a 714 pequeños y medianos productores ecológicos.
¿Qué significa todo esto, en la práctica?
Si piensas en la agricultura en Costa Rica no como un pasatiempo, sino como una fuente real de ingresos, las cifras dejan claras varias cosas:
- El sector aporta dinero de verdad al país (superávit comercial constante), por lo que no se trata de una economía moribunda, sino de una estratégicamente relevante, aunque sea pequeña en comparación con el resto del PIB.
- Algunos cultivos están en auge (piña, huevos, maíz, leche), mientras que otros se encuentran en declive estructural (arroz, café): la elección del cultivo es de vital importancia.
- Los ingresos del trabajo agrícola están por debajo de la media nacional, con un alto nivel de economía sumergida: si tienes pensado contratar personal local, tenlo en cuenta tanto desde el punto de vista económico como ético.
- La productividad aumenta gracias a la mecanización, no a un mayor número de trabajadores —una señal de que la inversión en tecnología y equipamiento es más importante que la mano de obra barata.
- El Estado apoya activamente la transición hacia la agricultura ecológica —un nicho con una demanda sólida en Europa, si tienes paciencia para obtener la certificación (un proceso de unos tres años).
La agricultura en Costa Rica no es ni el paraíso de los anuncios ni un sector moribundo: es una industria real, con cifras reales, ganadores y perdedores claramente identificables en los datos. Quien se adentre en ella bien informado, sin idealizaciones, tiene posibilidades reales de éxito.
Una última observación
He escrito este artículo basándome en cifras oficiales, pero también tengo una experiencia personal que me ha mostrado precisamente ese aspecto que las estadísticas no pueden reflejar. Antes de la pandemia, tenía un pequeño negocio especializado: plantas y árboles frutales exóticos, además de aves raras, desde codornices hasta emús.
No era una granja de subsistencia, sino un negocio, con clientes y ventas constantes. Cuando llegó la pandemia, tuve que regalar los animales para que no murieran de hambre y perdí cientos de ejemplares del gallinero, simplemente porque el flujo de dinero se detuvo de golpe —no porque «no supiera lo que hacía».
Las cifras de este informe cuentan la historia a nivel nacional: crecimiento, declive, productividad. Pero detrás de cada estadística hay un productor o un emprendedor real, expuesto a los mismos riesgos que yo mismo he sufrido: el clima, el mercado, la salud o, simplemente, un mal año.
Si te planteas seriamente dedicarte a la agricultura aquí —ya sea como negocio o como afición seria—, infórmate con datos, pero prepárate también para la parte que ninguna estadística muestra.
Fuente de los datos: Boletín Estadístico Agropecuario, n.º 35, agosto de 2025 — SEPSA/MAG, Costa Rica.
En OpenZone somos dos personas: un nativo costarricense con raíces profundas en la historia del lugar, y un expatriado establecido aquí desde hace más de dos décadas. Juntos, combinamos el conocimiento nativo del sistema con la experiencia directa del proceso por el que tú también estás pasando ahora mismo.